Aquelarre. Círculo de mujeres.

16-abril-2012 at 7:29 pm 4 comentarios

“Esto es la ruca”, me dijo la dueña de la casa. Tenía la forma redonda de un iglú o de una kiva y sólo el techo asomaba en la superficie; el resto estaba bajo tierra. La habían construído los compañeros de esas mujeres, que a veces participaban en las reuniones, pero en esas ocasiones se juntaban todos en la carpa, porque la ruca era un santuario femenino. Imitando a las demás, me quité la ropa; algunas se desnudaron, otras se dejaron las bragas. Blanca encendió un manojo de salvia para “limpiarnos” con el humo fragante a medida que entrábamos a gatas por un estrecho túnel.

Por dentro, la ruca era una bóveda redonda de unos cuatro metros de diámetro por un metro setenta de altura en su parte más elevada. Al centro ardía una hoguera de leña y piedras, el humo salía por la única apertura del techo, encima de la fogata, y a lo largo de la pared se extendía una plataforma cubierta con frazadas de lana, donde nos sentábamos en círculo. El calor era intenso, pero soportable, el aire olía a algo orgánico, hongos o levadura y la escasa luz provenía del fuego. Disponíamos de un poco de fruta -damascos, almendras, higos- y dos jarros de té frío.

Aquél grupo de mujeres era una visión de Las mil y una noches, un harén de odaliscas. En la penumbra de la ruca se veían bellísimas, parecían madonas renacentistas, con sus cabelleras pesadas, confortables en sus cuerpos, lánguidas, abandonadas. […] Una de ellas estaba embarazada de siete u ocho meses, a juzgar por el tamaño de la barriga, y otra había dado a luz hacía poco, tenía los pechos hinchados y aureolas moradas en los pezones. Blanca se había soltado el moño y el pelo, crespo y alborotado como espuma, le llegaba a los hombros. Lucía su cuerpo maduro con la naturalidad de quien ha sido siempre hermosa, aunque no tenía senos y un costurón de pirata le cruzaba el pecho.

Blanca tocó una campanita, hubo un par de minutos de silencio para concentrarse y luego una de ellas invocó a la Pachamama, la madre tierra, en cuyo vientre estábamos reunidas. Las cuatro horas siguientes se nos fueron sin sentirlas, lentamente, pasando de mano en mano una gran concha marítima para hablar por turnos, bebiendo té, mordisqueando fruta, contándonos lo que estaba sucediendo en ese momento en nuestras vidas y los dolores acarreados del pasado, escuchando con respeto, sin preguntar ni opinar. […] Hablaron de sus sueños, enfermedades, temores y esperanzas, se rieron, algunas lloraron y todas aplaudieron a Blanca, porque los exámenes recientes confirmaban que su cáncer seguía en remisión. Una joven, a quien se le acababa de morir la madre, pidió que cantaran por su alma y otra, con voz de plata, empezó una canción, que las demás corearon.

Pasada la medianoche, Blanca sugirió que concluyéramos la reunión honrando a nuestros ancestros, entonces cada una nombró a alguien -la madre recién fallecida, una abuela, una madrina- y describió el legado que esa persona le había dejado; para una era el talento artístico, ara otra un recetario de medicina natural, para la tercera el amor por la ciencia, y así todas dijeron lo suyo. Yo fui la última y cuando llegó mi turno llamé a mi Popo, peor no me salió la voz para contarles a esas mujeres quién era. Después hubo meditación en silencio, con los ojos cerrados, para pensar en el ancestro que habíamos invocado, agradecerle sus dones y despedirlo.

Isabel Allende, El cuaderno de Maya, 2011.


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¡Qué lío de palabras! Canción primaveral, Federico García Lorca

4 comentarios Add your own

  • 1. Ara  |  16-abril-2012 a las 9:35 pm

    En una ruca o en los sitios más insospechados, q suerte tener a mi círculo de comadres!

    Responder
  • 2. Clinti  |  17-abril-2012 a las 7:38 am

    Yo ya os he pedido uno pero algo más terrenal. Poned sitio y hora.

    Responder
  • 3. Marleni  |  10-junio-2013 a las 12:31 am

    hermosa experiencia, ya quisiera participar en una reunión de esas.

    Responder
  • 4. marina  |  19-junio-2013 a las 6:09 pm

    Quiero pertenecer al círculo .Me aceptaríais ?

    Responder

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