Posts tagged ‘maternidad’

Dame tu nombre, por Isabel Pérez Salas

DAME TU NOMBRE

Fola corría por la carretera de tierra entre todos los demás. No cargaba casi nada, apenas su bebé de cinco meses, al que protegía de los vaivenes de su carrera con su brazo derecho.El izquierdo lo usaba para tomar de la manita a su hija de cuatro años a la que intentaba quitarle el miedo con miradas de aplomo fingido y palabras suaves que se perdían en el estruendo de los tiros lejanos y los lloros cercanos.
Vistos desde fuera , eran una familia africana más, una familia despedazada por guerras inútiles y crueles, arrancada de su vida, corriendo al huir de su aldea con el objetivo de salvar la vida.
Visto desde dentro era una mujer asustada al extremo , una madre que ponía todo su empeño y sus fuerzas en llevar a sus hijos lejos de aquel infierno. Ella tenía un plan sencillo y claro,llegar lo más lejos posible lo antes posible.

Hasta hacía unas semanas Fola, su marido y sus cuatro hijos tenían una vida más o menos apacible a la que llegaban a veces ecos de guerras lejanas, pero en pocas semanas los ecos se hicieron voces y al final presencia viva. Su marido se había marchado dos días antes tratando de poner a salvo a los dos hijos mayores, uno de catorce años y otro de doce, para evitar que fuesen reclutados como tantos niños y obligados a convertirse en asesinos precoces.Niños soldados los llaman.
Estuvieron de acuerdo los dos,hablaron varias horas y decidieron que ese era un destino que no deseaban para sus hijos amados . El marido intentaría pasar la frontera con los hijos, y ella se juntaría a las mujeres con bebés que esperarían los camiones de la cruz roja para reunirse con ellos en el campo de refugiados que decían que había a 140 kilómetros al norte. Parecía un buen plan y como tampoco tenían muchas alternativas, se despidieron serenamente tratando de no demostrar pánico .
No querían provocar más dolor ni miedo a los niños y por eso, ese hombre y esa mujer, que se habían mirado tantas veces durante largos minutos a los ojos al hacer el amor en sus noches de intimidad y cariño, apenas se miraron un poquito a la hora de despedirse tal vez para siempre , con miedo los dos de prender sus miradas y que eso les impidiese la separación. Al abrazarla él le dijo:
– Ya lo sabes todo…¿ Que puedo añadir?
Y ella le respondió:
– Claro que lo sé vete tranquilo. Está todo dicho, mi amor.

¿ Qué otra cosa puede decirle una mujer a su hombre en una hora tan mala? Después del último beso y el último toque cada uno se concentró en su misión y en los hijos de los que se hacía cargo. Ella lo miró alejarse animado , un niño de cada lado, sin darles la mano para que se sintiesen hombrecitos , cargando cada cual unos hatillos con lo mínimo. Solo el menor se volvió una vez para mirarla, y ella que estaba preparada para eso, le hizo un gesto alegre de despedida mientras se bebía las lágrimas de aquel adiós tan tremendo.

Después preparó sus cosas. Decían que los camiones llegarían por la mañana para recoger a las mujeres, pero los que llegaron fueron unos todo terreno cargados de hombres que disparaban a todo lo que se movía. Fola tuvo suerte , porque unos minutos antes de empezar aquella matanza ella había sentido la necesidad de acercarse a la entrada del bosquecillo por el que se habían marchado sus hijos y su marido, y como la niña estaba despierta, ansiosa y preguntando cuando iban a juntarse a los hermanos, ella decidió que en vez de esperar en casa podían esperar dando un paseito para amenizar la situación.
Por eso cuando empezaron los tiros, ella se encontraba fuera del alcance . No pensó en nada, apenas salió corriendo en disparada arrastrando a la nena. A ratos la hacía correr a su lado, a ratos la cargaba hasta que el brazo se le acalambraba. Descansaban cuando sentía que iba a morir por el esfuerzo y después seguían avanzando. Quería llegar a la otra carretera, la que habían construido para transportar el coltán unos meses antes.
Así el día entero, más tarde pasaron la noche acurrucados los tres juntos. Ella agradeciendo a sus pechos la leche que le permitió alimentar al bebé y a la niña y analizando si sería buena idea rezar o mejor no llamar la atención de los dioses. Decidió quedarse callada porque ante aquellos dioses tan crueles que permitían tantos desmanes, parecía buena idea pasar desapercibido.

Al amanecer salieron del bosque y encontraron otras personas asustadas que se movían en la misma dirección. Nadie saludó a nadie, nadie preguntó nada. Era una fila más o menos ordenada de mujeres y viejos que llevaban sus niños con el único fin de salvarlos y salvarse. Parecía que todo podría terminar razonablemente bien cuando de pronto oyeron una avioneta que se acercó rápida. Algunos saludaron alborozados pensando que era la ayuda que esperaban, otros miraron callados y otros como Fola regresaron al bosquecillo que bordeaba la carretera por el miedo que todo les provocaba desde hacía días.
La avioneta bajó y abrió fuego contra la fila. Fola le tapó las orejas a sus hijos mientras los apretaba contra ella y mentalmente espantaba las balas con la fuerza de su pensamiento. Imaginó una burbuja de protección y allí se quedó meciéndose con sus hijos como cuando te duele una muela o un niño llora sin consuelo. Mecer el dolor y el miedo es un recurso humano que no se sabe porqué funciona pero todos lo practicamos alguna vez cuando no se nos ocurre nada mejor, y siempre consuela un poquito.

Cuando acabaron los tiros y la avioneta se alejó, fueron saliendo poco a poco del bosque los que se habían salvado. La carretera era un reguero de cuerpos vestidos con alegres colores y posturas imposibles. Casi todos muertos, algunos heridos. Fola decidió ignorarlos, no podía hacer nada y ella estaba alli para sobrevivir. Sujetando la manita de su niña y acariñando al bebé que estaba metido en un paño amarrado a su cuello , aceleró el paso sorteando cuerpos.

Todo iba bien hasta que sus ojos encontraron los de una mujer herida. Una mujer más joven que ella, que trataba de incorporarse y la llamaba con su mano ensangrentada. La chica consiguió juntar unas palabras y casi las suspiró:
-Ayúdame.Ven

Fola no quería ayudar. No quería ir.Su responsabilidad eran sus hijos y no quería perder su tiempo, pero la chica la había mirado, la había llamado y ella se acercó con una disculpa preparada, que la otra pudiese entender al negarle la ayuda. La mujer tendida en el suelo se incorporó un poquito y entonces Fola vio que estaba encorvada sobre un bebé. Un bebé intacto debajo de una madre moribunda en una carretera llena de personas asustadas.Justo lo que ella necesitaba.
Se acercó sin decir una palabra,y sin soltar a su hija se agachó al lado de la otra madre,mirándola sin hablar.
¿ Qué se le puede decir a una mujer que se está muriendo desangrada en un mundo hostil dejando un hijo desamparado? Se miraron las dos. Los ojos de la joven iban del bebé a la niña y al rostro de Fola de nuevo.Tal vez buscando palabras también.
Las mismas palabras que sirvieron horas antes para despedir a su marido le parecieron adecuadas para dirigirse a aquella desconocida y por eso las dejó salir con suavidad:

– Lo sé todo. Está todo dicho. Quédate tranquila mi amor.

Y soltando un instante la manita de su hija, cogió el bebé de la otra y lo acomodó en el mismo paño donde estaba el suyo. Enseguida volvió a recuperar la mano de su niñita que esperaba extendida en el aire.

Era el momento de la despedida y las dos sabían que era para siempre. La joven consiguió sonreír y Fola sacó el valor de pedirle:
-Dame tu nombre, para que pueda enseñárselo un día
Pero la chica ya no tenía nada más que dar. Le había dado todo y sus ojos ya estaban cerrados.

Fola no se paró a ver si estaba desmayada o apenas muerta. Se levantó y con sus tres hijos siguió su camino.Agradeciendo a sus pechos la leche que garantizaban la vida.

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28-octubre-2013 at 3:17 am Deja un comentario

Es de bien nacida…

… ser agradecida.

Y hoy quiero darle las gracias a varias personas por compartir sus proyectos conmigo. Muchas gracias por confiar en mí para caminar juntos, sea corto o largo nuestro camino.

Saray me ha enseñado La Carpa, Espacio Artístico

Lugar mágico donde diferentes artistas representan sus funciones y trabajan juntos para sacar este espacio adelante. Es una parcela con varias zonas muy interesantes. Tienen una carpa grande donde se hacen las actuaciones, otra pequeña que usan para hacer talleres de circo para los peques, y varios módulos prefabricados con distintos usos. Nos sorprendió muchísimo la “casa araña”, bajo la cuál podemos tomar algo al estar junto al ambigú.
Estas Navidades tienen muchas funciones familiares, así que si estáis en Sevilla, os invito a conocerles.

Lidia y Mila me invitaron a dar una charla para su proyecto Ser Madre, y la hicimos en el centro MyLand, que es un espacio para niños de entre 3 y 6 años. Si os hablo de ambos proyectos me quedo corta, así que más vale que visitéis sus páginas, os gustarán.

En esa charla he conocido a Anabel, que es mamá bloguera. Tiene un peque y está embarazada, y en su blog MiMamitaBlog comparte sus experiencias. Recomendado para todas las mamás que, como yo, disfrutamos leyendo a otras mamás e identificándonos con ellas.

Y por último Carlos y su mujer, que son padres de un niño precioso. ¡Le di unos besos…! Carlos es fotógrafo, y de los fotógrafos no se habla porque sus imágenes ya lo cuentan todo ;-). Así que pasad a Lo Más Lindo y mirad qué fotos tan bonitas. ¡Me han encantado!

(Y otras gracias especiales a Marta, que disfruta viniendo a mis talleres y yo de su compañía).

18-diciembre-2012 at 12:09 pm 6 comentarios

Soy una madre feliz y quiero comparitrlo

Pues sí, lo soy. No todo el rato, claro, pero sí la mayor parte del tiempo. Y también soy mamá bloguera. Así que uniendo estas 3 cosas (mamá, feliz y bloguera), resuelta que lo tengo TODO para participar en el II Premio Suavinex Madres (y padres) Blogueros y Felices.

Obviamente me encantaría ganar el viaje a Disney. Sobretodo después de haberme casado y no tener luna de miel. Pero también me encanta la idea de conocer otros blogs de madres (y padres) felices, y compartir esta felicidad con ellos.

Si este blog os gusta, podéis votarlo en Facebook y recomendarlo a otras familias felices. Porque la felicidad se contagia y se hace más grande, y queremos un mundo feliz para nuestros hijos. Las votaciones terminan el 20 de Junio, el día de mi cumple. Sería un regalo fantástico.

8-junio-2012 at 11:01 am 5 comentarios

Aquelarre. Círculo de mujeres.

“Esto es la ruca”, me dijo la dueña de la casa. Tenía la forma redonda de un iglú o de una kiva y sólo el techo asomaba en la superficie; el resto estaba bajo tierra. La habían construído los compañeros de esas mujeres, que a veces participaban en las reuniones, pero en esas ocasiones se juntaban todos en la carpa, porque la ruca era un santuario femenino. Imitando a las demás, me quité la ropa; algunas se desnudaron, otras se dejaron las bragas. Blanca encendió un manojo de salvia para “limpiarnos” con el humo fragante a medida que entrábamos a gatas por un estrecho túnel.

Por dentro, la ruca era una bóveda redonda de unos cuatro metros de diámetro por un metro setenta de altura en su parte más elevada. Al centro ardía una hoguera de leña y piedras, el humo salía por la única apertura del techo, encima de la fogata, y a lo largo de la pared se extendía una plataforma cubierta con frazadas de lana, donde nos sentábamos en círculo. El calor era intenso, pero soportable, el aire olía a algo orgánico, hongos o levadura y la escasa luz provenía del fuego. Disponíamos de un poco de fruta -damascos, almendras, higos- y dos jarros de té frío.

Aquél grupo de mujeres era una visión de Las mil y una noches, un harén de odaliscas. En la penumbra de la ruca se veían bellísimas, parecían madonas renacentistas, con sus cabelleras pesadas, confortables en sus cuerpos, lánguidas, abandonadas. […] Una de ellas estaba embarazada de siete u ocho meses, a juzgar por el tamaño de la barriga, y otra había dado a luz hacía poco, tenía los pechos hinchados y aureolas moradas en los pezones. Blanca se había soltado el moño y el pelo, crespo y alborotado como espuma, le llegaba a los hombros. Lucía su cuerpo maduro con la naturalidad de quien ha sido siempre hermosa, aunque no tenía senos y un costurón de pirata le cruzaba el pecho.

Blanca tocó una campanita, hubo un par de minutos de silencio para concentrarse y luego una de ellas invocó a la Pachamama, la madre tierra, en cuyo vientre estábamos reunidas. Las cuatro horas siguientes se nos fueron sin sentirlas, lentamente, pasando de mano en mano una gran concha marítima para hablar por turnos, bebiendo té, mordisqueando fruta, contándonos lo que estaba sucediendo en ese momento en nuestras vidas y los dolores acarreados del pasado, escuchando con respeto, sin preguntar ni opinar. […] Hablaron de sus sueños, enfermedades, temores y esperanzas, se rieron, algunas lloraron y todas aplaudieron a Blanca, porque los exámenes recientes confirmaban que su cáncer seguía en remisión. Una joven, a quien se le acababa de morir la madre, pidió que cantaran por su alma y otra, con voz de plata, empezó una canción, que las demás corearon.

Pasada la medianoche, Blanca sugirió que concluyéramos la reunión honrando a nuestros ancestros, entonces cada una nombró a alguien -la madre recién fallecida, una abuela, una madrina- y describió el legado que esa persona le había dejado; para una era el talento artístico, ara otra un recetario de medicina natural, para la tercera el amor por la ciencia, y así todas dijeron lo suyo. Yo fui la última y cuando llegó mi turno llamé a mi Popo, peor no me salió la voz para contarles a esas mujeres quién era. Después hubo meditación en silencio, con los ojos cerrados, para pensar en el ancestro que habíamos invocado, agradecerle sus dones y despedirlo.

Isabel Allende, El cuaderno de Maya, 2011.


16-abril-2012 at 7:29 pm 4 comentarios


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